Diario encontrado en una cripta
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"Mirah tiene ya tres días. ¡Qué día tan feliz! Por fin puedo sujetar otra vez una pluma y escribir sobre mi gran alegría. Mis plegarias han sido por fin escuchadas. Recé fervientemente a las diosas de la belleza y de la fertilidad, pero su única respuesta fue el silencio. La madre Lamashtu fue la única que me respondió. Por fin ha nacido Mirah. Llevarla en mi interior durante nueve meses no ha sido fácil, pero al mirar sus ojos dorados y ver cómo sonríe, sé que las dificultades y los rituales que preferiría poder olvidar han valido la pena. ¡Es una lástima que mi esposo no llegara a ver este día! Mirah tiene seis meses La nodriza se niega a amamantarla. Dice que el bebé le mordía los pechos con demasiada fuerza y que le chupaba la sangre. ¡Qué tontería! Es cierto que mi hijita nació con dientes, ¡pero no por ello es una chupasangre! Es un angelito, y esos bultos de la espalda pronto se convertirán en sus alitas. Mirah tiene cinco años Mirah tiene cinco años, pero todavía la amamanto. No me suelta. Soy la única que soporta sus dientecillos. Los sirvientes nos abandonan, uno tras otro. Dicen que tienen miedo de los ruidos que oyen por la noche, y que las chicas descubren marcas de mordiscos y de golpes en sus brazos y piernas al despertar. La última en irse fue el ama de llaves. Decía que se despertó por la noche porque oía arañazos en una viga del techo. Juraba que miró hacia arriba y vio a Mirah trepando por el techo. Hasta me enseñó marcas de garras en la madera. Naturalmente, le dije que eso son bobadas. ¡Mi niña duerme muy bien todas las noches! A pesar de todo, decidió dejarnos. Mirah tiene cinco años y medio ¡Cuánto me quiere Mirah!, es imposible apartarla de mi seno. Me preocupa que no le guste comer verdura. La cocinera se queja de que se cuela en la cocina y le arrebata trozos de carne cruda de las manos. ¡Mi pobre niña! Nadie quiere ser amigo suyo. Por eso juega a cosas tan raras. Mirah tiene seis años La cocinera se ha esfumado. Probablemente se haya escapado a escondidas. Mirah ha dormido todo el día. Tiene la tripita hinchada. Espero que no le haya sentado la carne sin cocinar. Mirah tiene seis años y un mes He encontrado los restos de la cocinera en la pila de abono. No sé qué clase de animal le arrancó los pechos a mordiscos y luego parte del estómago. ¿Será un lobo? ¿Un perro rabioso? Estaba distraída y no escuché a Mirah acercarse. Se reía felizmente, señalando con el dedito los restos descompuestos. ¡Ah, la inocencia de los niños! No sabía lo que estaba mirando. Es posible que esto sea lo último que escriba. A Mirah ya no le basta con mi leche. Me pide más cada vez, y las heridas de sus dientecitos son cada vez más profundas. Ahora entiendo lo que pasó con la cocinera. Tengo miedo, pero soy su madre. Debo ser fuerte y darlo todo por mi hija. Mirah se acerca. Oigo su risa cristalina. Gran madre Lamashtu, te ruego que cuides de ella cuando yo no esté. ¡Somos lo único que tiene!".