La Piedra de las Sendas fantasmagóricas
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El ladrón conocido como Laffar era un auténtico devoto de Norgorber. Para él, su profesión era la más sagrada de las artes, y por lo tanto nunca cortó la bolsa de un transeúnte despistado ni hurtó un objeto brillante en un lugar tentador. Laffar solo elegía objetivos imposibles y Norgorber le ayudaba. Cuando finalmente creyó que no había tesoro alguno digno de su talento, Laffar decidió robar a su dios. No por codicia, sino para probar su habilidad, y la suerte estuvo de su parte. Tras llevarse una reliquia conocida como la Piedra de las Sendas fantasmagóricas de la morada de Norgorber, Laffar huyó, con el crujido de las capas y el brillo de las dagas a su espalda. Sin importar cuánto se alejara el experto ladrón, sus perseguidores no le perdían el rastro, y Laffar no tardó en comprender que era su fin. Arrojó la piedra robada a un montón de escombros y aceptó su destino con una sonrisa satisfecha. Los sirvientes de Norgorber nunca encontraron la reliquia robada, por lo que el último golpe de Laffar fue un éxito. Cuenta la leyenda que siglos más tarde la Piedra de las Sendas fantasmagóricas cayó en manos de un chamán que vivía en aquella zona. El insitinto de su espíritu guía le llevó a hacerse con loq ue parecía una piedra común. Pero, ¿fue realmente el instinto, o acaso el espíritu de Laffar, el ladrón que robó a su dios, decidió revelar al fin dónde había ocultado la olvidada reliquia?
Lugar
Cruce cerca de AguasnegrasLa Herida del Mundo