"Los templos de Iomedae: guía para neófitos del padre Lorian".
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"Viajero, si el camino te lleva alguna vez a las afueras de Kenabres, no dudes en caminar unos pasos más y entrar en la ciudad propiamente dicha. Aparte de las murallas y las fortificaciones que permanecen inmóviles, cortando el camino los enemigos de la humanidad, y de las nobles órdenes que vigilan a las fuerzas del mal, Kenabres guarda otro tesoro. En tiempos antiguos, en medio del fuego y la agitación de la Segunda Cruzada, se convirtió en hogar de la primera y más importante de las piedras custodias: obeliscos sagrados que tienen el poder de evitar el azote de los demonios, por maldito que sea. Ninguna criatura malvada puede pasar entre dos de esas piedras que ahora rodean la Herida del Mundo y protegen la paz de todo Golarion. Hasta las viles magias demoníacas se muestran impotentes contra ellas, porque el Abismo no puede cruzar la cortina invisible de las piedras custodias. Si llegas en el momento adecuado y te muestras virtuoso y respetuoso con quienes vigilan la piedra custodia, se te concederá el gran honor de participar en un ritual que refuerza el poder mágico de este sacratísimo obelisco. Este artefacto y los conjuros vertidos en él son los más sagrados, ya que cada piedra custodia la creó el mismísimo heraldo de Iomedae, el más cercano de sus sirvientes, que se muestra desinteresado y devoto a la causa de la Heredera y a la gran misión de los cruzados. Y, aunque no puedas llegar hasta la piedra custodia, honra el esplendor de Iomedae en una iglesia de Kenabres y presenta así tus respetos a la protectora de la humanidad y a los sacrificios hechos por los cruzados por mor de nuestro mundo".