Marca ardiente de Nemarius
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Djail Kann era un demonio excéntrico y caprichoso al que no le importaban el poder y la violencia pero que amaba los acertijos y puzles. Fue él quien atrapó al misterioso Coleccionista que había estado cazando a la nobleza de Alushinyrra y quien recuperó el carbúnculo robado a Ar-Mikheth pero su caso más conocido es el de los gladiadores ardientes. Un día, un grupo de esclavos salieron a la arena de la Batalla Feliz sin que nadie se lo ordenara. Estaban ardiendo pero no gritaban y llevaban los cadáveres de sus carceleros clavados en sus lanzas. Tras formar una columna ante los demonios, que habían quedado atónitos, hablaron al unísono, diciendo: "Algo me ha sido arrebatado, ahora arrebataré yo". Un momento después, desaparecieron en una deflagración que incineró a la mayoría de los espectadores, dejando solo quemaduras en el suelo que formaban las palabras "Por dolor y fuego". El incidente fue solo el principio. Las muertes en la arena continuaron. Los gladiadores perdían la cabeza, atacaban a los guardias, se prendían fuego espontáneamente y ardían junto a sus torturadores, dejando siempre las palabras "Por dolor y fuego". Shamira, el Sueño Ardiente, ordenó a Djail que resolviera el misterio de las extrañas muertes. Djail cogió una taza de sangre y escribió en cada pared de la arena lo siguiente: "Te he arrebatado algo. Y volveré a arrebatarte algo". Tras desafiar así al asesino misterioso, Djail esperó. No tuvo que esperar mucho, dado que las sangrientas letras empezaron a arder. Djail proclamó que había resulto el misterio y que anunciaría la respuesta al día siguiente. Al momento, doce esclavos se convirtieron en columnas de fuego, y rodearon a Djail. Al unísono, preguntaron: "¿Crees que me has expuesto, demonio? ¿Qué sabes, monstruo arrogante?". "Sé tu nombre. Eres Nemarius, un semidiós hijo de la diosa Sekhmet. Tu futura esposa y tú fuisteis sentenciados a luchar hasta el fin en la arena. Ella cayó y te inmolaste, presa del pesar, pero no llegaste a desaparecer del todo. ¡Tu espíritu está atado a este objeto!". Sonriendo, Djail mostró el hierro candente con el que se marcaba a los esclavos como propiedad de la arena. "Usé mi vista arcana para verte quemar mis palabras y percibí el lugar donde se cruzan los hilos de tus conjuros. La marca abrasó tu piel y la de tu querida novia. También se usó para marcar a los esclavos cuyas mentes dominas como instrumento de tu venganza. ¿Me equivoco?". Los gladiadores ardientes aullaron con la voz de Nemarius, pero ya era tarde. Djail lanzó un conjuro sobre la marca para atrapar al vengativo semidiós, derrotando así a su enemigo y arrebatándole su poder. Desde ese día, dejó de usarse un hierro candente para marcar a los gladiadores. En cuanto al destino de la marca de Nemarius, a día de hoy sigue siendo un misterio.