Restos del Incoloro
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El capitán Kerz alcanzó la fama entre los piratas del Abismo al abatir al legendario monstruo conocido como el Incoloro. Esta abominación se formó a partir de los restos calcificados del señor demoníaco Colifir. Su cuerpo se convirtió en una isla, su sangre en cristales, y el repugnante icor que permeó los riscos de la isla dio vida a un monstruo, un cieno cristalino de proporciones míticas. Silencioso e invisible, la criatura vagó bajo las aguas del Ishiar, esperando a que pasaran aeronaves. Al detectar su presa, sus tentáculos surgían del agua como columnas colosales y reducían cubiertas enteras a astillas. El cieno translúcido cubría los cuerpos de los tripulantes y los disolvía lentamente. El Incoloro también atacaba asentamientos fronterizos, devorándolo todo a su paso y dejando solo cieno ensangrentado y edificios marcados por el ácido. No había arma ni conjuro capaz de derrotar a la bestia. Para el capitán Kerz, cazar al Incoloro era un reto. Tras acechar a la criatura en el Ishiar durante tres años, comprobó que el monstruo regresaba a Colifir con regularidad para recuperar fuerzas y beber de los manantiales mancillados por el icor de su progenitor. Kerz preparó una emboscada junto a uno de dichos riachuelos, sorprendiendo al Incoloro. Dio la señal que detonaba los conjuros de fuego, rodeando al cieno depredador de un muro de llamas. La criatura hirvió, soltó espuma y se debatió en la trampa, pero no podía salir. Estaba muriendo... pero el proceso fue demasiado lento. La magia se agotó y el muro incendiario empezó a disiparse. El Incoloro atacó, devorando un pirata tras otro. El resultado de la contienda pendía de un hilo cuando una flecha llameante atravesó el cielo. Era la "Furcia Rabiosa", la aeronave del capitán Kerz, que la estaba pilotando directamente hacia el Incoloro. Su casco y velas estaban ardiendo por obra del pirata. Ardiendo, el navío golpeó el cieno como un ariete y a explosión sacudió la isla. El monstruoso cieno salió volando en pedazos en todas las direcciones. Los trozos se retorcieron y se secaron, dejando solo un polvo cristalino. Una humareda venenosa se elevó al cielo, formando una nube tóxica sobre el lugar de la explosión. De la nube, para alegría de los tripulantes que quedaban, surgió el capitán Kerz. Estaba cubierto de quemaduras y llagas causadas por el cieno, pero había vencido. La historia de la cacería se convirtió en una leyenda entre los habitantes del Abismo, mientras que el Incoloro se convirtió en un montón de restos cristalinos. Sin embargo, los restos aún conservaban una pequeña parte de su aterrador poder.