"Sin ninguna duda, sin esperar nada a cambio. Vida y obras de lord Axilar Trezbot".
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Por Nurah Dendiwhar Nerosyan, Editorial de la Catedral Cruciforme "Frunciendo el ceño, lord Trezbot indicó con un gesto a su gente que se detuviera. Todos pararon, ya que nadie osaba desobedecer sus órdenes, incluso las dadas con la mirada. Lord Trezbot solía afirmar que solo podría ganar cuando sus soldados temieran más su látigo que las garras de los demonios, y su capacidad de disciplinarlos no tenía rival. El señor se acercó a algo que desde lejos habíamos tomado por un espantapájaros abandonado por un granjero. Tras clavarle levemente su espada, nos indicó con otro gesto que nos acercáramos. Era el cuerpo de un joven cruzado, un muchacho de menos de veinte años. Estaba despedazado y destripado, con trozos de hueso que sobresalían de su cuerpo y jirones de piel que ondeaban al viento. Desde su estaca, el terror nos miraba con ojos llenos de gusanos. En la cara de nuestro señor asomaba una mueva de desprecio. 'Cobarde', masculló entre dientes. 'Huyó de la batalla. Los demonios lo atraparon y se rindió sin luchar. ¡Y he aquí los inútiles de sus camaradas!'. Pateó un bulto que había junto a sus pies, revelando la visera de un casco lleno de una masa de color verde azulado y de insectos. Temblando, miramos al suelo y nos dimos cuenta de que bajo nuestros pies había un amasijo de carne y trozos de metal. 'Cobardes', volvió a decir el señor. 'Cobardes y débiles. Estaban condenados desde antes de acercarse siquiera a la Herida del Mundo. Deberían haberse quedado tranquilamente en sus casas. ¿Qué han conseguido con esto? Ofrecer a los demonios un aperitivo caliente, nada más. ¡Vamos! Mientras esta escoria malgasta sus inútiles vidas, ¡alguien tiene que ganar esta maldita guerra!'. Sin apartar la mirada y haciendo caso omiso de los crujidos que brotaban bajo sus pies, avanzó. Le seguimos presurosos, intentando no pisar nada que hubiese estado vivo hace poco".