Zacharius, "Sobre la Eternidad".
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"La reclusión forzada que en su día consideraba una maldición, es más llevadera ahora que puedo acceder a materiales con los que trabajar. En mi actual situación de confinamiento, mis únicas fuentes de diversión consisten en el trabajo científico y la ejercitación de mis facultades mentales. Crear muertos vivientes inútiles a base de componentes en bruto es la preservación de ignorantes incapaz de concebir sus propios pensamientos. Aplicando un esfuerzo y magia simples, cualquier nigromante sería capaz de desatar el verdadero potencial de nuestro arte. Tras sacar provecho en la escuela de transmutación, puede transformar varios cuerpos incompletos en un solo constructo que mejore notablemente las capacidades del material en bruto. Sin embargo, incluso los magos más ambiciosos que siguen el camino de la nigromancia rara vez llevan a cabo ese último paso y se transforman a sí mismos de la misma manera que habían hecho con sus propias creaciones. ¿Por qué? ¿Qué impulsa esa intensa repulsión hacia la muerte en vida en aquellos cuya vida es criminalmente corta? Quizá es que les tengan miedo a los dioses y a actuar contra su voluntad al pretender alterar el orden supremo de las cosas. Quizá la repulsión instintiva hacia los eternos viajeros de la muerte surge por la putrefacción y desecación de los cuerpos. Quizá exista un vínculo sentimental que afecte a tomar esa decisión. No todos los mortales pueden convertirse en liches. Todos los que hemos conseguido dicho estado hemos llegado aquí desde distintos caminos, pero llevados por el mismo objetivo, al cual nos acercamos de forma tan inevitable como un cuchillo arrojado a toda velocidad en dirección al corazón. Lo cierto es que la ascensión no comienza con el conocimiento del arte de crear una filacteria ni con libros sobre nigromancia avanzada, sino con la creación de un ideal inimitable e incorruptible del alma del mago, el ideal de inmortalidad".