"Bafomet, prisionero".
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"¡TODOS SOMOS HIJOS DE BAFOMET! ¡LEE ESTO Y DIFÚNDELO! La historia de nuestro amo es un ejemplo para sus seguidores, un modelo de astucia y valentía intrépida que todos deberíamos esforzarnos por emular. Fíjate metas que superen tus capacidades, metas tan atrevidas que, una vez las consigas, tus enemigos moribundos se vean estremecidos y humillados. Recuerda que nuestro señor Bafomet no temía desafiar a alguien que no era solo su igual, sino un dios: el maldito Asmodeo, cuyo bastón nuestro amo quería robar para su amada Lamashtu. Atrapado por el diablo y traicionado por su querida amante, Bafomet se vio arrojado a un laberinto tan retorcido e inconcebible que, como se jactaba el gobernante del Infierno, nadie, ni siquiera el primer minotauro, ere capaz de encontrar la salida. Pero nuestro amo no era de los que se amilanaban ante una derrota. Con un pentáculo marcado en la frente y un corazón negro ardiendo de venganza, Bafomet deshonró a Asmodeo: no solo escapó del laberinto, sino que además se lo llevó con él. Y, hasta el día de hoy, el pentagrama del Señor de los Minotauros sigue ahí, como una burla del dios cuyo orgullo se usó para limpiar bajo el rabo del toro. Sé como Bafomet: arriésgalo todo, nunca te derrumbes y pisotea a quien intente pisotearte. Sirve bien a nuestro amo, para que el ejército de Bafomet crezca en número mientras los enemigos se debilitan. ¡ALABADO SEA BAFOMET CON HECHOS INSIDIOSOS Y ENCUBIERTOS! ¡ALABADO SEA, ALABADO SEA, ALABADO SEA PARA SIEMPRE! El Círculo de Templarios Leales".