"Bafomet, liberado".
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"¡TODOS SOMOS HIJOS DE BAFOMET! ¡LEE ESTO Y DIFÚNDELO! Como todo el mundo sabe, nuestro señor ha demostrado una y otra vez que valora la astucia y la destreza por encima de todo. Pero, para nosotros, los débiles mortales, no basta con la astucia por sí sola. Si deseas servir bien a Bafomet, aprende paciencia y tenacidad, pues te ayudarán en la hora en que te parezca que hasta tu mente artera se muestra impotente ante un enemigo que se regodea. Cuando Asmodeo marcó a nuestro señor y lo arrojó al Laberinto de Marfil, todas las probabilidades estaban en contra de Bafomet. Avergonzado, sin fuerzas, consumido por el odio y sediento de venganza, vagó por los corredores desde donde nadie esperaba encontrar un camino hacia la libertad, como suponía el dios de los demonios. Durante años incontables, sus cascos pisotearon el suelo de hueso; mostrándose diligente en lugar de consternado, Bafomet buscó en cada recoveco, cada defecto y cada imperfección de esa construcción diabólica. Y cuando Asmodeo ya se hubo olvidado por completo de él y todos los demás prisioneros hubieron corrido la suerte que les deparara, nuestro señor le asestó un golpe humillante al escapar del Laberinto de Marfil y llevarse consigo la prisión abandonada. Y, hasta el día de hoy, el sello de Asmodeo arde en la frente de nuestro señor, no como una señal de deshonra, sino como recordatorio del día en que Bafomet avergonzó a un dios. Para recordar esta misma hazaña, nos llamamos 'Templarios del Laberinto de Marfil', en honor a la antigua prisión de nuestro señor que se convirtió en el dominio de Bafomet y el hogar de sus minotauros sagrados. Recuerda esto cuando salgas en una misión, esperes el momento adecuado o atravieses dificultades: sé paciente, estate alerta, ¡y apuñálalos por la espalda, cuando menos se lo esperen! ¡ALABADO SEA BAFOMET CON HECHOS INSIDIOSOS Y ENCUBIERTOS! ¡ALABADO SEA, ALABADO SEA, ALABADO SEA PARA SIEMPRE! El Círculo de Templarios Leales".