"Aventuras de un valiente cruzado, Briggie el Salchichero".
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Por Berthimel de Pitax Editorial Palabras Afiladas "Para cenar, los heridos tuvieron sopa de coles. No fue ninguna sorpresa, ya que llevaban cenando lo mismo toda la semana. Los pacientes del hospital habían tenido la suerte de poder incluir patatas e incluso algún que otro nabo en el menú, pero eso fue un mes antes de los acontecimientos. Los caballeros de la orden del Triplemente Sagrado Sol reluciente y la Cimitarra Disipadora de Oscuridad de Nuestra Amada Diosa Sarenrae dispararon una catapulta en dirección equivocada, aplastando el carro del granjero que abastecía de dichos vegetales al hospital. Desde entonces, los heridos sobrevivían a base de sopa de coles, aunque ocasionalmente una cucaracha se colaba en la olla y acababa añadiendo proteínas al plato. Tras disfrutar de tan deliciosa comida, los heridos tenían ocasión de llenar sus pipas de algo que más tenía que ver con el heno que con el tabaco. Sus malas costumbres exigían inspirar humo tras la comida, fuese cual fuese el origen del mismo, y, una vez resuelto el problema, comenzaban a hablar. '¿Qué clase de demonio diríais que es más peligroso?', preguntó Wuzlich el lancero, rascándose el muñón de la pierna con el del brazo. 'Yo diría que son los abrikandilus. Esos monstruos son taimados y astutos, casi tanto como los varisianos. ¡Y sus dientes son aún más agudos que su mente! ¡Mirad!'. Mostró a sus camaradas los dedos que le quedaban a modo de ejemplo. Solo eran dos y medio. 'Yo creo que depende de cómo se mire', contestó Greglie la artillera, aunque apenas era capaz de ver a través de las vendas que le tapaban los ojos. 'Es fácil abatir a los abrikandilus. ¡No como un bálor! Si te da con el látigo, ¡se te salen los ojos!'. Agitó enérgica su pipa, lanzando su contenido contra la cara de Wuzlich. Mientras este tosía y se intentaba limpiar, Briggie participó en la conversación. 'Los bálor y los abrikandilus no están mal, supongo, pero en mi opinión, no hay demonio más terrible en este mundo que el piojo común. Es cierto que los otros demonios se pueden teletransportar, ¡pero es que al piojo no le hace ni falta! Allá donde mires, ¡ya hay uno!'. Metiéndose la mano bajo la camisa, saco un ejemplar de su propia axila y lo mostró a sus amigos. 'De un demonio enorme con un látigo puedes huir, pero ¿cómo escapas de los piojos? Nos pican a todos, desde los soldados de a pie hasta los generales. Ni la reina se libra. Tal vez creáis que no son muy dañinos. A fin de cuentas, ¿cuánta sangre absorbe un piojo? Y sin embargo, pensadlo. ¿Cuánta sangre han arrebatado a nuestros soldados entre todos los piojos? Seguramente, podrías juntar un mar con ella, ¿no? ¡Eso es más que todos los demonios del Abismo juntos! Y si alguien me dice que los piojos no son demonios, ¡ja! ¿De dónde podría salir un monstruo así si no es del Abismo?'".