"Fanfarria de los fieles".
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"Con la llegada de los suministros para la feria y, cuando los heraldos informaron de esto a las gentes, comenzaron las celebraciones. Miles de kenabreses salieron a la calle a aclamar a sus firmes defensores. Trompetistas y tamborileros encabezaban la procesión y, con la orden de seguirles detrás, marchaba la hermandad de cruzados, con armaduras resplandecientes y altos estandartes. Los primeros en aparecer fueron los Cruzados Siempre Brillantes, los defensores de Kenabres más virtuosos y honrados. Tal era su devoción que, al escuchar las alabanzas y observar el brillo de los ojos de las gentes, gran parte de los caballeros comenzaron a rezar para evitar pecar de demasiado orgullo. El aclamado Ciar Cobelen, comandante de la orden, lideraba la contingente flanqueado por cruzados de mayor rango, a quien los soldados consideran un padre y los reclutas un mentor. A este grupo le seguía la Orden de la Lanza Flamígera, cuyos infatigables verdugos del mal eran famosos por su fuerza y perseverancia. El rostro de estos cruzados era profundamente sombrío, habiendo sido testigos de las peores pesadillas que asolan la Herida del Mundo y enfrentándose día tras día al servicio de los más vulnerables e indefensos. La comandante Miammir, renombrada por su erudición y sagacidad, marchaba con las tropas de la orden. Los siguientes en la procesión eran los cruzados de la Orden de la Espada del Amanecer. Al identificar sus estandartes, gran parte del público comenzó a entonar canciones y baladas compuestas hace tiempo por los valerosos caballeros de esta orden. La chispa de inspiración que dio lugar a poemas y odas en su día, hoy se ha convertido en un resplandor de justa determinación, gracias a la cual se han librado batallas contra el Abismo con resultados más propicios. Ashus Striegher lideraba esta orden mientras saludaba a los asistentes. Además, presentes entre los banderines de las órdenes estaban los de los inquisidores, discípulos del prelado Hulrun: cazadores de brujas implacables que se dedicaban día y noche a castigar a traidores y herejes. En la retaguardia y bajo el mando de Irabeth Tirabade, marchaba la modesta Guardia del Águila, cuyos miembros se servían de su talento para detectar espías enemigos en la ciudad. De todas las órdenes que habían asistido, la Guardia del Águila era la más humilde, y las demás la superaban tanto en tamaño como en esplendor. Tras cruzar las puertas, la procesión se abría paso por las calles de la ciudad hacia la guardia de honor que esperaba para recibir a los nobles héroes, junto con la mismísima Terendelev en persona...".