"Gestas ignotas de las Cruzadas".
Note · 55 po · Peso 2
"Desde la Tercera Cruzada, nuestros hermanos templarios -que sus nombres verdaderos sigan bajo el oscuro velo del anonimato- han servido de ejemplo a otros seguidores de Nuestro Señor Bafomet por un servicio impecable. Lee sus mayores logros, neófito, y asómbrate e inspírate. En el año 4664, cuando empezamos el servicio en la Herida del Mundo, nuestros hermanos comenzaron a infiltrarse en las filas de los llamados a servir a Mendev y al resto del mundo mortal. Los cruzados no prestaron atención a quién estaban reclutando, y pronto los templarios encontraron el material perfecto para hacer su trabajo. Una noche, dos órdenes que compartían un puesto avanzado mendeviano descubrieron de repente pruebas irrefutables de que los otros habían estado en contacto con los demonios con la esperanza de salvar el pellejo justo antes de un ataque sorpresa que estaba al caer. Las consecuencias fueron inmediatas, y por la mañana, el ejército se había convertido en grupúsculos que se peleaban, despojados por completo del barniz de nobles ideales en su lucha por la rectitud. En el año 4665, con el inicio de la Tercera Cruzada, apareció una santa en las filas de la iglesia de Iomedae, una doncella pura y valiente que inspiró a nuevos guerreros. Como era de esperar, entre sus admiradores se encontraba un joven temperamental cuya adoración traspasaba los límites de la virtud. Llevar a un corazón entregado al pecado no fue fácil, pero el templario había aprendido lecciones de los íncubos de Alushinyrra para algo. Nuestro hermano desató en la doncella las abrumadoras profundidades de la pasión y el pecado, pero en cuanto la iglesia se enteró de las orgías que tenían lugar en el corazón de la nueva orden, se encendieron hogueras, no solo para la pupila de Iomedae, sino para sus seguidores también, incluido el valiente templario, que le reveló su verdadero rostro en la víspera de que los ejecutaran. En el año 4667, un famoso inquisidor al que le entusiasmaba quemar a campesinos en la hoguera, se desanimó de repente. Y no sin motivo: su amigo más íntimo le descubrió la adoración desenfrenada de demonios que tenía lugar justo bajo las mismísimas narices de su santidad, entre las filas de la propia inquisición. Este carnicero tenía mucho trabajo por delante y, en su gran purga, colgó y apuñaló a quienquiera que le señalara su amigo. Por desgracia, todo lo bueno se termina, y pronto detuvieron al pobre inquisidor y lo enviaron a la capital para juzgarlo. Antes de que lo ejecutaran, hizo vanos intentos de llamar a su fiel amigo como testigo, pero este había desaparecido, o tal vez nunca había existido. Los templarios saben cómo borrar su rastro".