Fuego de Bafomet

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Los seguidores del señor demoníaco Bafomet cometen numerosas atrocidades para ganarse su favor. Kearius era un siervo de Desna al que habían encargado cuidar del refugio del templo. Sin embargo, en realidad adoraba en secreto al Señor de las Bestias. Aprovechó su cargo para construir un complejo laberinto en el sótano oculto del templo y llenarlo de monstruos sanguinarios. Cada noche. Kearius lanzaba a un vagabundo demasiado confiado o a un indigente al laberinto, donde les esperaba un truculento final. El sectario propagó la herejía y la depravación, corrompiendo a los otros sacerdotes. Bafomet se fijó en la astucia de su siervo y le otorgó un regalo increíble: una chispa de la llama que adorna la frente del mismísimo Señor de los Monstruos. El farol que albergaba la chispa podía convocar a los ardientes habitantes del Abismo, mientras que el vaivén de la llama era capaz de hipnotizar y de conjurar ilusiones terroríficas. Kearius albergó la llama de su amo y señor en el corazón de su laberinto. Sin embargo, pronto sucedió algo increíble. Un niño mendigo solitario, frágil y tímido, cayó en poder de Kearius y fue a parar al laberinto. De algún modo, se las apañó para sobrevivir y llegar al centro de la trampa. Alargó sus sucias manitas hacia la llama y desapareció. Asustado y furioso, Kearius descubrió que su santuario estaba vacío y se lanzó en persecución del ladrón, temiendo que Bafomet descubriera su fracaso y castigara su negligencia. Al cabo de un tiempo, se enteró de que aldeas enteras habían sido reducidas a cenizas por criaturas de fuego, mientras que los supervivientes habían enloquecido por el brillo de una llama siniestra. Deliraban, balbuceando que un niño mendigo llevaba un fuego terrible en sus manos. Kearius logró rastrear al mozo, con el miedo azuzándole constantemente y llevándole al borde de la locura. Cuando por fin alcanzó al rapaz, el mendigo echó a reír y se transformó en un joven arrogante que vestía la indumentaria de un sectario de Bafomet. El audaz ladrón afirmó que había sido el propio Señor de los Monstruos el que le había impulsado a robar la llama sacrílega e ideado el disfraz de niño. El fracaso de Kearius sería su fin y el ladrón ocuparía su puesto como leal siervo de Bafomet. Los dos adoradores de demonios se enfrentaron, intentando destruirse mutuamente, pero ninguno pudo obtener ventaja. Al cansarse, la llama del Señor de las Bestias cayó de las sudorosas manos del ladrón sobre un montón de ramas secas. De las llamas surgieron seres ardientes que rodearon a los sacerdotes debilitados, mirándolos con ojos que brillaban como ascuas. Los sectarios suplicaron a su amo que les protegiera, pero hizo caso omiso. Los engendros de la llama de Bafomet se alimentaron de los pecadores durante la noche. Cuando se extinguió el fuego, lo único que quedaba era una chispita de la llama sacrílega humeando entre los restos.

Lugar

Cruce cerca de Tierras sagradas · 8La Herida del Mundo
Fuego de Bafomet — Objetos — Pathfinder: WotR Database