"Hilor y la Tejedora de Pesadillas".
Note · 55 po · Peso 2
Primer tomo de Las extraordinarias proezas del valeroso capitán de expedición Hilor, publicado por la Sociedad Pathfinder {br}"La Tejedora de Pesadillas soltó una risotada diabólica y el viento se levantó, llevándose el sonido por el techo del templo cavernoso hasta alcanzar el cielo oscuro. '¡No puedes protegerlos!'. La adoradora de demonios realizó una elegante pirueta, burlándose del desgarbado capitán de expedición, que se abría paso lentamente por el resbaladizo techo. 'Hoy has conseguido salvar a Anthoclitus, ¡pero no lograrás salvar a todos los que se interpongan en mi camino! ¡Siempre iré un paso por delante, clavando mi daga en el corazón del siguiente necio que me encuentre y manchando el camino que recorres con sangre que jamás podrás limpiar!'. Hilor volvió a perder el equilibro y, milagrosamente, logró librarse de la muerte. El corazón estaba a punto de salírsele del pecho, pero no podía olvidar el hecho de que se encontraba muy cerca de su objetivo. Solamente una docena de pasos lo separaban de la Tejedora de Pesadillas. Estaba lo suficientemente cerca para disparar, pero el capitán de expedición quería asegurarse de no matarla con el virote, sino simplemente lisiarla e inmovilizarla. La ballesta de mano que Hilor escondía bajo su capa le estaba haciendo perder el equilibrio. 'Se acabó la fiesta, Tejedora de Pesadillas'. El capitán de expedición se inclinó hacia delante como en un intento de recuperar el aliento, una táctica diseñada para distraer a la villana, que parecía esperar algo en lo alto del techo. 'Te doy la oportunidad de salvar tu patética vida, ¡ríndete o sufrirás las consecuencias!'. La Tejedora de Pesadillas se quedó paralizada, como si estuviese considerando lo que acababa de decir el capitán, y al instante se estiró hacia delante como una serpiente y espetó con desprecio: '¡Nunca jamás la volverás a ver!'. Se oyó el clic y el silbido del virote, seguidos del siseo de la capa de la Tejedora de Pesadillas al esquivar el disparo y de su risa. Hilor soltó un bramido, descargando toda su ira y desesperación, avanzó rápidamente y resbaló cayendo de rodillas. Con sus últimas fuerzas, agarró una teja mellada y, ahogando un gruñido de dolor, alzó la cabeza, solo para ver cómo la secuestradora de su hija desaparecía en un remolino de viento negro. '¡Te encontraré, Tejedora de Pesadillas!'. Hilor soltó tal grito, que parecía extenderse por todo Mendev. '¡Te encontraré y haré trizas tu embustero corazón!'".