Páginas arrancadas de un libro sarkoriano

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"Años después, por el valle de la montaña, que ha permanecido inhabitado durante mucho tiempo y ahora está completamente desolado, cabalgaba un altanero jinete. Su corcel era salvaje y veloz, su alto casco estepario brillaba como una máscara dorada y con su arco, afilado y curvado, podía alcanzar a su objetivo desde miles y miles de kilómetros. El jinete cabalgaba impávido por el asentamiento en ruinas y se acercó a unos pilares de piedra en los que habían esculpido las imágenes de los antepasados, y se arrodilló ante ellos, se cortó la palma de la mano y dejó que sangrase sobre dichos pilares. A continuación, le quitó las bridas al caballo y se despidió de él, ya que su leal compañero no le serviría de nada en las estrechas cuevas. El jinete comprobó el estado de la cuerda de su arco, y descendió hasta el fondo, se sentó en la cueva más extensa, y esperó. Pocos momentos después, apareció la Jauría, hambrienta y cansada, y también sedienta de sangre, pues hacía mucho que no probaban la carne humana que tanto ansiaban. Pero el jinete tensó la cuerda del arco y empezó a disparar flecha tras flecha. La oscuridad no era un impedimento, ya que se bastaba del sonido para apuntar, hasta que los acribilló a todos a flechas. A punto de morir, la última de las criaturas abrió sus fauces y preguntó, con la voz del Seguidor: "¿Quién eres tú, poderoso jinete, quien no teme venir a este sitio y acabar con mi desgraciada vida? Dime tu nombre, mi señor, y de qué clan noble vienes". El jinete se quitó su alto yelmo con la máscara dorada, liberando unas trenzas largas. No era un hombre, sino la hija del patriarca sabio, quien, en su lecho de muerte, le hizo proferir un último juramento, una promesa de venganza. Ha recorrido parajes durante años, con el corazón lleno de malicia y furia para arremeter contra hechiceros y los de su clase. Durante muchos años, ha acabado con hechiceros despreciables, y su convicción solo se había vuelto más fuerte y certera. Al fin había llegado el momento de volver y vengarse del clan cuyo nombre ahora se perdería para siempre. No le respondió, ya que los hechiceros no merecen que personas respetables les dirijan una sola palabra. Quemó los cuerpos malolientes de las criaturas, salió de las cuevas, se arrodilló ante los antepasados por última vez, y se fue para no volver".

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