Viejo diario de un astrónomo
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"Día 1 A partir de hoy, yo, Beryg, llevaré este diario para mantener una crónica de nuestra misión más sagrada. Por esta hemos dejado a nuestra gente, que tan necesitada está de consuelo y protección en estos tiempos, y hemos seguido a Eliandra, nuestra mentora, hasta el templo de Pulura. Aquí, apartados del mundo mortal, proseguiremos nuestro servicio bendecidos por la Doncella Reluciente. Aunque el humo fétido de la fosa demoníaca nubla los cielos, Pulura nos muestra las estrellas que guiarán nuestro camino. Día 24 Continuamos con nuestra santa obra en alabanza a la ilustre Pulura. Los encantamientos que nos protegen son perfectos: los demonios que hay tras los muros del santuario ni siquiera sospechan de la existencia de este. He reconfortado mi espíritu rezando a Pulura para que nos libre con rapidez de las viles hordas que pululan por nuestras tierras. Solo debemos reunir a nuestras fuerzas y esperar a que los valientes guerreros devuelvan a esas bestias impías al Abismo. ¡Tengo fe en que ese día se acerca! Día 105 Hemos alcanzado un hito importante: mis hermanos han terminado de trabajar en otro mapa del cielo septentrional. A veces, cuando les miro a los ojos, veo preocupación por lo que sucede fuera del templo y siento que la duda se apodera de mi corazón también. Pero, al momento siguiente, me avergüenzo de ser tan débil de voluntad. Hoy es un buen día, y no permitiré que se vea empañado por pensamientos tristes. Día 258 Las oraciones de la hermana Eliandra se han visto respondidas, pues un mensajero de Pulura ha visitado nuestra morada. Por desgracia, el celestial traía noticias terribles: las llamas y los engendros demoníacos han alcanzado nuestra patria, las ciudades arden y la gente huye para salvarse. El desgarro en el plano Material aún no se ha cerrado; todo lo contrario: arroja más legiones abisales cada hora. El celestial se ha ido, pero no antes de asegurarnos que no se han olvidado de nosotros y que nuestro servicio no ha sido en balde. Debemos fortalecer nuestros corazones y seguir buscando entre las estrellas. Cuanto antes terminemos el trabajo, antes tendrá una esperanza de salvación Sarkoris. Día 457 Nos hemos pasado medio día buscando al hermano Areed. La propia Eliandra lo ha encontrado, detrás del altar de Pulura. Estaba llorando, sentado en el suelo, encogido. He temido que ella lo regañara por esta debilidad de espíritu y de mente tan traicionera que podría envenenar a los demás, pero mis miedos eran infundados. Eliandra y Areed se han pasado dos horas hablando, en una conversación que sigue siendo un misterio para todos, luego nuestro hermano ha vuelto al trabajo, aún entristecido, pero con la cabeza un poco más alta. Me inclino ante la sabiduría y la fortaleza de nuestra líder... pero, ¿veo en sus ojos una sombra de la misma desesperación que hace tiempo que se abrió camino en nuestros corazones? El día que llegó el mensajero Hoy, que hemos terminado de trazar el mapa del hemisferio oriental, nuestra soledad se ha visto rota de nuevo, esta vez por un mensajero de Iomedae. Maldigo mi propia curiosidad por haberme animado a sumarme a quienes han escuchado sus palabras. La batalla aún prosigue alrededor, pero ya nadie lucha por Sarkoris. Guerreros de otras tierras se enfrentan a demonios, pisando las cenizas de los nuestros. Sarkoris ya no existe, ahora lo llaman la Herida del Mundo. Otro día, como tantos antes Me muestro incapaz de llevar la cuenta de los días, todos se han fundido en una franja interminable de gris. Ni la luz de las estrellas de Pulura puede conjurar la oscuridad de mi corazón. Nuestro servicio ha sido en vano. No tenemos un sitio al que volver. Solo me queda languidecer aquí, día tras día, cumpliendo con mi deber con mis hermanos y hermanas. Y así, una jornada tras otra, me esfuerzo sin un momento de descanso, todo en nombre de nuestro deber, tan sagrado como -y que Pulura me perdone- inútil. Pero al menos ya no tengo que seguir llevando este maldito diario".