Voz del Bardo Maldito
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Los sacerdotes de Shelyn solo mencionan el nombre de Francest, el Bardo Maldito, entre susurros temerosos. Hubo una época en la que fue uno de ellos y su fama alcanzaba desde Varisia hasta Andoran. Recorrió el mundo con una canción, una sonrisa, y su encantadora esposa a su lado. Soñaba con crear la Canción de Todo y pasó años recopilando sonidos y notas para la melodía que englobaría toda la creación, creando la armonía suprema. La risa de un niño, una confesión de amor, un grito triunfal y una amable nana... todo le servía de inspiración. El viaje llevó a la feliz pareja a Drezen, donde el bardo cantó para los soldados, para inspirarlos antes de la batalla. Pero una noche, la oscuridad se cernió sobre Francest. Con voz burlona, susurró: "Solo estás recopilando los sonidos felices, bardo. Pero hay muchos otros que nunca has oído". El murmulló continuó: "Págame con la sangre de tu amada y te los revelaré". Francest intentó resistirse a la seductora voz de Noctícula, pero fue en vano. Para cuando amaneció, había empuñado voluntariamente su cuchillo. Recorrió la ciudad, cubierto de la sangre de su mujer y cantando alegremente con una sonrisa en la cara. Nadie se atrevió a detenerlo, tal era el poder y el terror que inspiraba su voz. La voz trajo a Francest a Alushinyrra, donde siguió recopilando las notas de la Canción de Todo: los gritos de una madre al ver cómo descuartizaban a sus hijos delante de ella. Los gemidos de un combatiente al que le amputaban las manos. Los lamentos de dos amantes que nunca volverían a verse. Su crueldad asombraba hasta a los mismos demonios. Torturaba a hombres y mujeres sin que la sonrisa abandonara jamás su cara. Pasaron los años y la Canción de Todo estaba casi lista. Al Bardo Maldito le faltaba un último acorde. Vino a los mercados de carne y caminó entre los esclavos, invitándoles a un dulce vino y a canciones aún más dulces. Los esclavos, con esperanza y una tímida sonrisa, lo observaban y aceptaron de buen grado el trago que ofrecía. Pero el retrogusto ácido del vino pronto dio paso a un dolor terrible. La caja de vino del bardo estaba llena de un veneno que licuaba las entrañas, y el gemido de los moribundos se convirtió en la nota final de la canción de Francest. El Bardo Maldito apuró la copa él mismo. Mientras moría, cantó... y fue feliz. Era la Canción de Todo lo Malo, un himno a la noche más oscura, en la que solo las llamas de las maldiciones pueden brillar. Cuando Francest calló, su cuerpo se redujo a un cieno rancio. El veneno solo perdonó las cuerdas vocales del bardo. Los demonios las conservaron a modo de truculenta reliquia. Se convirtieron en un recuerdo de la canción más terrible y despiadada que había oído jamás Alushinyrra.
Cómo obtenerlo
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Lugar
Cruce cerca de Valle de los Templos (3)La Herida del Mundo