"Cómo medrar durante la guerra con los demonios".
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"Mi mentor y mis compañeros de entrenamiento solían tener lástima de mí. Con mi poder mágico, como mucho podía invocar y controlar a un diablillo menor. ¿Llamarías a eso magia de verdad? ¡Ja! Pero un tipo inteligente como yo puede hacerse una reputación y ganar una fortuna con cualquier cosa. Hay un tipo de demonio especialmente desagradable llamado abrikandilus. Se forman a partir de las almas de los vándalos y de los destructores de las obras de arte. En forma de demonios, en general siguen haciendo lo mismo. Si ven esculturas o pinturas bonitas, se enfurecen y las destrozan. Una vez escuché una conversación entre dos coleccionistas de arte. Estaban dudando entre conceder su mecenazgo a una joven promesa o a un viejo maestro cuyos mejores días habían pasado ya. Les hice una oferta: colocaríamos cuadros de ambos, uno junto a otro, y yo invocaría un abrikandilu. El cuadro que atacara en primer lugar sería el más bonito de los dos. La clave era desterrar al demonio a tiempo antes de que destruyera el cuadro, ¡pero eso no era problema para mí! Los coleccionistas aceptaron el 'experimento' que les había propuesto, tal como tenía planeado. ¡Así comenzó mi negocio! Tres meses más tarde, no había evento artístico en el que no hiciésemos falta mi demonio y yo. Nos invitaban a inauguraciones, talleres de tasación y subastas. Cuanto mayor era la furia del demonio al ver una talla o un bosquejo improvisado, mayor era su precio. Y me pagaban muy bien por la 'tasación'. A menudo organizaba 'peleas de artistas' en las que el demonio elegía cuál de dos cuadros odiaba más. Las entradas se agotaban al momento. Sin embargo, un día tuvo lugar un incidente lamentable. Acudieron a mí un elfo y un gnomo de Absalom. Ambos artistas jóvenes y motivados. Querían participar en una de esas peleas, pero usando extrañas esculturas en vez de cuadros. El gnomo tenía un montón de manzanas roídas conservadas mediante magia. El elfo, una regadera sin agujeros apoyada en un carro con una sola rueda cuadrada. Me explicaron que era 'arte moderno'. Decían que era 'aconvencional', o algo por el estilo. Afirmaban que en Absalom, donde ejercían de 'artistas aconvencionales', era muy popular. Bueno, mi tarea es sencilla. Exponer sus, ejem, obras, reunir a un público y convocar a mi demonio desde su prisión. Eso es exactamente lo que hice. Pero cuando el abrikandilu salió de su jaula, miró a las manzanas y la regadera en el carro, me miró como si yo fuera imbécil y se volvió a su jaula con una cara de decepción absoluta. Casi se produce un incidente internacional. Me dolió tanto que devolví el dinero de la tasación al gnomo y al elfo. No pasa nada. Mi negocio sigue adelante, incluso sin tener clientes de Absalom. Y mientras tanto, ¿qué es de los demás aprendices, los que tanto 'talento' tenían? La mitad sigue aprendiendo lo que puede de sus libros y la otra mitad se fua a marchó a las cruzadas y murió. ¡No se le ocurrió a ninguno lo lucrativos que pueden ser los demonios! A este ritmo podré comprarme un palacete en poco tiempo. ¡Y lo llenaré de las obras de los artistas más famosos! ¡Ja!".