"El desafío de Marmonux", de Kreesh Cerka.
Note · 55 po · Peso 2
"Orzuna se mordió la uña, frustrada, pero luego recordó otro término de la apuesta. 'Espero que no hayas olvidado el último de la lista...'. Marmonux rio entre dientes y puso los ojos en blanco. '¿Cómo iba a olvidar al omox? Debo decir que tus fantasías casi me dejan perplejo esta vez, querida hermana. Casi'. La súcubo bufó como un felino, sin molestarse siquiera en ocultar que estaba molesta. '¡No me digas que has encontrado la manera de complacer a un charco de basura viviente!'. 'Ah, lo he hecho alguna vez', gimió Marmonux con teatralidad, apenas reprimiendo la risa al ver el rostro retorcido de Orzuna. '¿No me crees? ¡Aficionada! Si fueras la mitad de versada que yo, sabrías que no siempre debes obligar a la presa a aceptar tus caricias. A veces, vale la pena dejar que tomen la iniciativa'. Tras hacer una pausa y disfrutar al máximo de la expresión confusa de la súcubo, la voz del íncubo se convirtió en un susurro entrecortado. 'Un omox ataca a su enemigo cubriéndolo de la cabeza a los pies, anegando la boca y la nariz, arrastrándose hacia adentro, hacia la garganta, más y más al interior... Así que ¿por qué no someterse y dejar que se deleite en su deseo de dominar y ahogar? Me gusta tanto aceptar el dolor como infligirlo...'. El rostro de Orzuna se frunció de disgusto. 'De todos cuantos conozco, sólo tú, hermano, podrías verte excitado por el recuerdo de cómo te atrapó un montón de mierda cáustica y fétida. Pero, ¿qué le vamos a hacer? Cumples la condición'. 'Así es', murmuró el íncubo. 'Cumplo la condición, y termino el desafío. Mil habitantes del Abismo de todas formas y tamaños han probado mis manos, mi látigo y mis lomos y han conocido las cimas del gozo. Solo te resta admitir que mi arte del dolor es más fructífero que tu arte de la seducción. Parece ser que, después de todo, te convertirás en mi mascotita, Orzuna: lo que acordamos por perder la apuesta. He preparado un collar muy especial solo para ti, el más afilado de toda mi colección...'. Su risa sonó como el tintineo de diminutos cascabeles ponzoñosos. 'Ah, no, hermano: mil... y un habitantes del Abismo. ¿No te acuerdas? Te queda una criatura'. Orzuna chasqueó los dedos. Con un ruido metálico, los tornos empezaron a girar, levantando una enorme trampilla que reveló a Marmonux las entrañas de las mazmorras del placer más insondables de Orzuna. Desde la oscuridad, oyó movimientos húmedos y débiles susurros que habrían vuelto loco a cualquier mortal. Algo grande se acercaba por el subterráneo, raspando las paredes, siseando y chasqueando mientras exudaba oleadas de odio. Una sola mirada necesitó Marmonux para saber quién, o qué, tenía delante. 'Un qlippoth', dijo, arrastrando las palabras. '¿De las profundidades del Abismo, entiendo?'. 'Lo que sea para mi hermano más querido'. Orzuna se humedeció los labios. 'Un nudo de tentáculos, aguijones y ventosas, rematado por un odio amargo contra los nuestros. ¿Sentirá placer? A ver si eres capaz de averiguarlo. Y esta vez...', la súcubo acarició su cuerpo con un movimiento sensual y juntó las palmas de las manos entre las piernas, 'voy a mirar'".