Guino Pollen, "notas de mis viajes por Avistan septentrional".
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"Con el conocimiento de que el mejor lugar para observar los efectos de la energía extraplanaria que se infiltra en nuestro mundo es la región antaño conocida como Sarkoris, partí de inmediato hacia esas tierras desoladas. Al llegar a Mendev y solicitar la asistencia de un guía que aceptase acompañarme a las tierras que bordean la Herida el Mundo, se me presentó un inesperado impedimento: los exploradores y guías locales se negaron en rotundo a ayudarme. Pero Desna me sonrió y conocí a un explorador local que, después de tres jarras de grog, aceptó acompañarme a la Herida del Mundo y guiarme por la zona. Cuando volvió a estar sobrio, ya era demasiado tarde para replanteárselo: habíamos cruzado el último de los cordones y nos habíamos sumergido de lleno en el bosque de Sarkoris. Aún a miles de millas lejos de la grieta planaria, un observador atento sabe distinguir las anomalías provocadas por la Herida del Mundo, unas diferencias insignificantes que son cada vez más evidentes cuanto más cerca se está. Lo primero que llamó mi atención fueron los árboles artificiales que parecía que habían sido reproducidos basándose en un solo ejemplar. Después, la calidad del aire había cambiado: sabía diferente con cada inhalación: de azufre a caramelo y de sal acre a arenque podrido. Según los almanaques que había consultado en mi viaje a Mendev, una de las primeras señales de la Herida del Mundo eran las torres de humo negro que emergían de la grieta. La vista terrorífica sobre la estepa del sur y las historias de mi guía confirmaron mis sospechas de que las emisiones de ceniza y gases venenosos continuaban a día de hoy, ¡aunque nunca imaginé que el sabor del aire te hiciese creer que te encontrabas en el medio de una confitería y un crematorio al mismo tiempo! Continuando nuestro viaje, encontramos restos de cadáveres de ganado, perros e incluso gente. En algunos esqueletos se podían ver las marcas de garras de demonio, mientras que otros habían fallecido por causas más naturales. ¡Incluso dos cadáveres momificados que habíamos encontrado parecía que se habían convertido en piedra! Tras bordear un despoblado y presagioso bosque, nos topamos con un valle que estaba dividido por una serie de colinas creadas de forma antinatural. Me hubiese encantado estudiar dicho fenómeno, pero, por desgracia, tras dar unos pasos, mi guía se elevó y, literalmente, su cuerpo se revirtió. Tras cambiar mi levita llena de sangre y recoger mi colección de recuerdos del suelo, di marcha atrás a toda prisa...".