"Historias contadas por espíritus: El caballero de manos afligidas". Editorial Alianza de Médiums de Kenabres.
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"El demonio coloca dos platos sobre la mesa delante de mí. Cada uno contiene un corazón humano que aún sangre. 'Mira', me dice. 'El de la derecha pertenece a un hombre noble y justo, un fiel siervo de Iomedae. El de la izquierda es el corazón de un asesino y un canalla. Y sin embargo, creo que el sabor de ambos es idéntico'. Guardo silencio y no me muevo. Aunque quisiera, no podría. Una de mis manos está clavada al reposabrazos con un cuchillo clavado hasta la empuñadura. La otra mano está clavada a la mesa del mismo modo. El demonio da la vuelta a la mesa y retira un mechón de pelo de mi frente. 'Tu silencio me entristece'. 'No pierdas el tiempo con este espectáculo, monstruo', le digo a pesar de que me faltan fuerzas para respirar. 'Si me vas a torturar, hazlo. Si me vas a matar, mátame. Mi vida está en tus manos. Pero mi alma no lo está, ni lo estará jamás'. La sangre sigue manando de los corazones que hay en los platos. Han sido arrancados de los pechos de sus propietarios hace muy poco. Por lo que dice, el de la derecha era el de mi compañero mientras que el de la izquierda pertenecía al delincuente al que escoltábamos. Pero el demonio que acechaba en el viejo molino los ha matado sin distinción. Da la vuelta al reposabrazos y se queda de pie detrás de mí, poniéndome una garra en el hombro. 'No es ningún espectáculo. Es un festín del que saldré saciado. No, no con esto', dice sabiendo que miro los corazones. 'Contigo. Es tu corazón el que tengo delante. Tan indefenso...'. Las garras en mi hombro se clavan un poco más. Que la diosa me ayude a resistir. Al cabo de un momento, el demonio sigue hablando. '¿Sabes qué es lo que los fanáticos de la ley y el bien no entendéis?'. Se ve que le gusta el sonido de su voz. 'Sois vosotros los que nos traéis a vuestra tierra. Cuantos más os reunís aquí en la Herida del Mundo, todos tan valientes, con vuestra ardiente cólera justiciera, más como yo llegamos del Abismo. No es porque queramos ganar una guerra y conquistar vuestro mundo. Tal vez nuestros señores quieran eso, pero créeme cuando te digo que la distancia entre ellos y nosotros es comparable a la que hay entre vuestros reyes y vosotros. No, venimos por la gente como tú. Los persistentes y orgullosos que no cederán hasta el último momento. Por aquellos cuyo sufrimiento es dulce y duradero. Por los manjares'. Aparece frente a mí otra vez y se relame. Sé muy bien que mi muerte no será rápida".