"La afiladura de la verdad: Memorias y consejos de un inquisidor de Asmodeo".

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"La cifra de señores demoníacos cuyo nombre conocen los mortales no pasa de las pocas decenas. Les superan en número aquellos que aspiran a dicho rango y a su propio reino en el Abismo, pero que jamás serían capaces de conseguir tanto poder. Estos demonios se cuentan en cientos, e incluso miles, pero solo los demonologistas experimentados conocen sus nombres, amén de aquellos pobres infelices que deciden vender sus almas al Abismo y fracasan al intentar encontrar un patrón digno. La historia se repite una y otra vez: un demonio de menor categoría consigue una victoria certera, sube en la escala (o más bien 'se hunde en las profundidades') de la jerarquía demoníaca, considerándose en este punto un señor demoníaco, para poco después dar un paso en falso y morir de forma deshonrosa. El destino que sufren estos demonios debería servir de lección para el resto, pero si los demonios tuvieran la capacidad de aprender de sus propios errores (o de los de otros) dejarían de ser demonios. Lo que distingue a los chalados del Abismo, y uno de sus peores defectos, es su rechazo al aprendizaje, en contraposición con la perfectamente organizada jerarquía del Infierno. La demonia Izyagna, el Enjambre Séptuple, sirve como ejemplo de dicha caída en desgracia. Era una de las muchas hijas de Lamashtu y poseía siete cuerpos: siete mujeres mortales de las diferentes razas de Golarion, todas con cabeza de hormiga y controladas por una sola mente. Tenía dominio sobre algunos insectos, criaturas que revoloteaban y trepaban, siendo las hormigas sus preferidas. El autor de estas palabras fue testigo del juramento de obediencia proclamado por los sectarios de Izyagna con sus propios ojos, ¡el imbécil del novicio fue forzado a meditar en lo alto de un hormiguero! Sin embargo, los sacrificios humanos que llevaban a cabo los compañeros de este necio en el pueblo en el que servía en aquella época distaban mucho de ser agradables. No sería fácil acabar con los sectarios, aquellos que habían estado invocando voraces plagas y desatando la locura en el nombre de su ama. Entonces, ¿qué fue de ella? ¿Qué destino ha sufrido Izyagna? Se desconoce, pero existen muchos que afirman que la señora del enjambre trepador inició un conflicto contra el maestro del enjambre volador, un demonio más poderoso: lord Deskari. Lamashtu pudo salvar a su hija de la muerte segura, pero no la pudo salvar de la humillación y de la pérdida de poderes. Por ello, muchos de sus seguidores se pasaron al bando de la Madre de las Bestias. A día de hoy, solo unos pocos con una ciega predilección por los hormigueros todavía veneran a Izyagna, y esta solo puede concederles conjuros menores".

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