"Las aventuras del cruzado Brim", de Nels Kramihr.
Note · 40 po · Peso 2
"Cuando el séquito entero irrumpió en la tienda, todos comenzaron a gritar al unísono. El oficial al mando, que no estaba preparado para este aluvión repentino, jadeó indignado en busca de aire durante un rato y, una vez consiguió volver a llenar los pulmones, rugió con tal fuerza que todos callaron. En el silencio que siguió, Brim tomó la iniciativa e informó a toda prisa: 'Señor, el soldado Brim informa: ¡hemos atrapado a un abrikandilu!'. El adusto intendente, habiendo pillado con las manos en la masa al sinvergüenza responsable de aquel caos, estaba a punto de expresar su indignación, pero ya era demasiado tarde: en cuanto oyó hablar del demonio capturado, el oficial exigió ver la cantera de inmediato. El séquito, al que se unieron el oficial, los guardias, el secretario, el mensajero y un mozo de cuadra que pasaba por allí, se dirigió a las afueras, donde habían tenido lugar los recientes sucesos. Al ver al enorme demonio agitándose en la jaula mágica, el oficial no pudo reprimir una exclamación de alegría. Pero el malévolo intendente se abrió paso entre la multitud y se quejó con voz gangosa al oído del oficial: '¡Señor, mire lo que les ha costado a estos bufones atrapar a un demonio piojoso!'. El oficial apartó los ojos del abrikandilu, miró alrededor y levantó las manos. '¿Qué es todo esto, soldado Brim?'. 'Señor, ¿qué quiere decir?'. '¿Qué es esta fosa tan grande?'. '¡Ha sido nuestra primera trampa! ¡Se suponía que el abrikandilu caería cuando viera el cebo! Nos ha costado mucho esfuerzo, esta fosa. Hemos roto dos palas, todo en balde...'. '¿Y por qué humean los arbustos?'. 'Ah, cuando el abrikandilu nos ha descubierto, nos ha perseguido y ha lanzado sus magias por todos lados'. '¿Y por qué está roto el árbol?'. 'Porque ese idiota ha tratado de bajarme de él después de que yo trepara ahí con un laúd'. 'Espera, ¿por qué ibas a subir ahí con un laúd?'. 'Primero, porque yo era el cebo y tocaba algunas marchas para provocar el odio del abrikandilu por todas las cosas bellas. Y, segundo, porque estaba huyendo de un demonio y no podía dejar el laúd ahí; se lo he pedido prestado al bardo del regimiento, ¡y no vea cómo las gasta!'. El oficial frunció el ceño, ignorando el gimoteo del intendente. 'Bien', exhaló al fin. 'Deshaceos del demonio. El soldado Brim será recompensado, pero todo el equipo que han perdido él y sus compañeros se le descontará de la paga. ¡Y que alguien apague de una vez esos malditos arbustos!'".