"Las notas de un sacerdote viajero: Ilthuliak", de Tyrin Dean

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"Imagínate en esta situación: una muchacha (cuyo nombre no revelaré) llega a la ciudad y compra inmediatamente la casa de campo más grande de las afueras. Esta recién llegada invierte una fortuna inimaginable en actos caritativos, e incluso llega a devolver a la vida a ciudadanos fallecidos trágicamente cubriendo todos los costos. Es muy joven, y sus modales burdos y expresiones corrientes indican que no es de ascendencia noble. Lógicamente, la ciudad entera se pregunta cómo ha obtenido tal fortuna esta chica y por qué la dilapida tan alegremente. Encontré las respuestas cuando la muchacha misteriosa me invitó a su casa para proporcionar servicios curativos. La joven me mostró con reluctancia algo que había ocultado a todos los demás: unas horrendas quemaduras de ácido. Solo me contestó con una palabra: 'Ilthuliak'. El nombre de la monstruosa dragona negra era bien conocido en los Reinos Fluviales. Llevaba siglos viviendo en la región, sembrando el terror y arrasando asentamientos. Muchos cazadragones veteranos habían intentado detenerla, y ninguno lo había conseguido. Nadie sabía dónde se encontraba su guarida ni dónde se produciría su próximo ataque. Las heridas que había infligido el aliento ácido de Ilthuliak al cuerpo de mi paciente eran atroces, pero su alma había sufrido mucho más. La joven y sus amigos habían dado con la guarida de la dragona. Podrían haber reunido a un grupo de cazadores para acabar con ella, pero, en lugar de ello, guardaron silencio para aumentar su botín. Cuando la bestia lo abandonaba, se llevaban parte de su tesoro, poco a poco. Ilthuliak sospechó que ocurría algo, de modo que tendió una emboscada a los ladrones y les dio una cruel lección. Mi paciente fingió haber muerto y sobrevivió así mientras la dragona devoraba los cadáveres de sus amigos. Tenía mucho dinero a su disposición, pero estaba acompañado del peso de los recuerdos de ciudades devastadas e innumerables personas consumidas por el ácido. Incapaz de vivir con la culpa, la muchacha trató de expiar su fortuna ilícita con buenos actos. Logré tratar sus heridas físicas. Cuando nos separamos, me dijo que tenía intención de dedicar el resto de su riqueza a organizar una expedición a la guarida de la dragona para erradicarla. Hace poco oí el rumor de que la casa de campo llevaba un tiempo abandonada. Es posible que su dueña partiera hacia otras tierras, pero mi corazón me dice que sus huesos yacen ahora en la guarida de la Ilthuliak, el terror alado, plaga de los Reinos Fluviales...".

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